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Cuando suena el teléfono a las 2:00 a. m.: Cómo enfrentar una emergencia con un adulto mayor
Son las 2:07 de la madrugada.
El teléfono suena.
Durante unos segundos uno mira la pantalla tratando de entender por qué alguien está llamando a esa hora. Entonces ve el nombre del hogar de envejecientes. O el número del cuidador. O quizás escucha a su madre al otro lado de la línea diciendo que se cayó y que no puede levantarse.
En cuestión de segundos desaparece el sueño.
“Su papá se cayó.”
“Su mamá está respirando con dificultad.”
“Está muy confundido y no sabemos qué está pasando.”
“La ambulancia viene de camino.”
“Lo vamos a trasladar a sala de emergencias.”
Ese es uno de los momentos que más temor puede producir cuando tenemos un padre, una madre, un abuelo o cualquier otro familiar de edad avanzada.
Y aunque nadie puede prepararse emocionalmente por completo para recibir esa llamada, sí podemos prepararnos para manejarla mejor.
Porque cuando ocurre una emergencia, tener información organizada, hacer las preguntas correctas y entender cuáles son las prioridades puede convertir una madrugada caótica en una situación mucho más manejable.
La meta no es aprender a diagnosticar una emergencia.
La meta es saber qué información obtener, qué debemos comunicar al personal médico, qué decisiones pueden surgir y cómo proteger a nuestro ser querido durante todo el proceso.
Los primeros minutos: antes de salir corriendo, entienda qué está ocurriendo
El instinto natural al recibir una llamada de emergencia es levantarse, buscar las llaves y salir de inmediato.
Pero durante esos primeros minutos hay algo que puede ser todavía más importante: obtener una fotografía clara de la situación.
Si el adulto mayor está en un hogar, con un cuidador o acompañado por otra persona, trate de saber qué ocurrió, a qué hora ocurrió y cómo se encuentra ahora.
Pregunte si está consciente, si respira normalmente, si hubo una caída o golpe en la cabeza, si está sangrando, si siente dolor intenso y, sobre todo, si está actuando de forma diferente a lo habitual.
Si alguien tomó sus signos vitales, anótelos. Pregunte también si ya solicitaron una ambulancia, a qué hospital será trasladado y quién está con él.
No necesita interrogar a nadie ni obtener una explicación médica perfecta.
Necesita poder decir después:
“Esto fue lo que ocurrió, esta fue la hora aproximada y esto es lo que cambió.”
A las dos de la mañana, bajo estrés, la memoria puede fallar rápidamente. Abra una nota en el teléfono y escriba lo importante.
Si la emergencia ocurre en la casa
Cuando el adulto mayor vive solo o con familiares, muchas veces la familia tiene que tomar la primera decisión: ¿esto se puede manejar aquí o necesitamos ayuda de emergencia?
Una dificultad respiratoria importante, dolor intenso en el pecho, pérdida del conocimiento, convulsiones, sangrado significativo, incapacidad repentina para mover una parte del cuerpo, una posible fractura o cualquier situación que parezca poner en peligro la vida requiere atención inmediata.
Si la persona no puede llegar de manera segura al hospital, se debe solicitar ayuda de emergencia.
En personas muy mayores o frágiles, también es importante no minimizar un cambio simplemente porque inicialmente “no parece tan grave”. Una infección, una caída o un episodio de deshidratación pueden manifestarse de manera distinta a como lo harían en una persona joven.
Después de una caída, no tenga prisa por levantarlo
Una reacción casi automática es agarrar al adulto mayor por los brazos y tratar de ponerlo de pie.
Eso puede ser un error si existe una lesión.
Si presenta dolor intenso, una extremidad parece deformada, no puede moverse, perdió el conocimiento, tiene dolor en el cuello o la espalda o pudo haberse golpeado la cabeza, evite moverlo innecesariamente y siga las instrucciones del personal de emergencia.
Y hay una pregunta que merece especial atención:
¿Toma anticoagulantes o medicamentos para evitar coágulos?
Una caída con golpe en la cabeza puede ser más preocupante en una persona que utiliza este tipo de medicamentos, incluso cuando exteriormente parece encontrarse bien.
Asegúrese de comunicarlo claramente a los paramédicos y al personal médico.
Cuando la llamada viene de un hogar de envejecientes
Aquí la situación cambia porque usted probablemente no está junto a la persona y dependerá inicialmente de lo que el personal le pueda informar.
No se conforme únicamente con:
“Su mamá se cayó y la estamos enviando al hospital.”
Trate de reconstruir brevemente lo sucedido.
¿Alguien vio la caída? ¿Dónde ocurrió? ¿Se golpeó la cabeza? ¿Perdió el conocimiento? ¿Puede hablar? ¿Puede mover las extremidades? ¿Está más confundida o somnolienta que de costumbre?
También es útil saber cuándo fue vista por última vez en su condición normal.
No se trata de buscar culpables durante una emergencia.
Ese análisis puede ocurrir después si es necesario.
En ese momento, la prioridad es crear una secuencia que pueda ayudar al equipo médico.
Por ejemplo:
“A la 1:30 a. m. estaba normal. Aproximadamente a la 1:45 la encontraron en el piso al lado de la cama. Está despierta, pero está más confundida de lo habitual y se queja de dolor en la cadera derecha.”
Eso contiene mucha más información útil que simplemente decir:
“Se cayó esta madrugada.”
Una de las preguntas más importantes: ¿cómo era esta persona ayer?
Cuando un adulto mayor llega a una sala de emergencias, especialmente si tiene demencia, deterioro cognitivo o problemas de comunicación, el médico que lo atiende posiblemente nunca lo había visto antes.
Usted sí lo conoce.
Por eso una de las informaciones más importantes que puede aportar es explicar cuál era su condición habitual antes de la emergencia.
¿Caminaba? ¿Conversaba normalmente? ¿Lo reconocía? ¿Comía solo? ¿Se levantaba de la cama? ¿Necesitaba oxígeno? ¿Tenía algún grado de confusión regularmente?
Pensemos en dos pacientes que llegan confundidos a una sala de emergencias.
Uno tiene demencia avanzada y normalmente no reconoce a la familia.
El otro también tiene demencia, pero hasta ayer reconocía a sus hijos, conversaba y podía caminar.
Los dos aparecen en el expediente con la palabra “demencia”, pero médicamente las situaciones pueden ser muy diferentes.
Por eso una frase tan sencilla como:
“Esto no es normal en él”
puede ser extremadamente valiosa.
La confusión repentina no siempre significa que “la demencia empeoró”
Un adulto mayor puede llegar al hospital y comenzar a comportarse de una manera completamente diferente.
Puede intentar levantarse constantemente. Puede no reconocer a su familia. Puede hablar de cosas que no están ocurriendo, ponerse agitado o, por el contrario, quedarse extraordinariamente callado y somnoliento.
La familia puede pensar:
“Su demencia empeoró de repente.”
Pero también puede tratarse de delirium, un cambio agudo en el estado mental que puede aparecer con infecciones, deshidratación, medicamentos, dolor, fiebre, falta de sueño y otras condiciones médicas.
Aquí nuevamente la familia puede aportar información que el hospital no tiene.
Explique cómo era la persona antes de enfermarse.
Si normalmente habla y ahora casi no responde, dígalo.
Si normalmente está confundido pero hoy está mucho peor, dígalo.
Si normalmente duerme toda la noche y ahora está completamente desorientado, dígalo.
No asuma que porque tiene 85, 90 o 95 años todo cambio repentino es simplemente “la edad”.
Prepare un expediente de emergencia antes de necesitarlo
Probablemente una de las cosas más útiles que puede hacer una familia ocurre mucho antes de la emergencia.
Prepare un pequeño expediente de emergencia.
No tiene que ser complicado.
Debe incluir la información que alguien necesitaría si el adulto mayor no pudiera explicar nada por sí mismo: identificación, plan médico, condiciones principales, alergias, medicamentos actuales, médicos importantes, contactos familiares, documentos legales relevantes y cualquier tratamiento especial que utilice, como oxígeno.
La lista de medicamentos merece particular atención.
No escriba solamente:
“medicina para la presión”.
Incluya el nombre, dosis y horario.
Si utiliza un anticoagulante, insulina, medicamentos para el corazón o cualquier tratamiento particularmente importante, debe ser fácil de identificar.
Guarde una copia física y otra digital.
Una foto actualizada del documento en su teléfono puede ser increíblemente útil a las tres de la mañana.
Una página puede ser más útil que una carpeta completa
Aunque un expediente completo es excelente, durante una emergencia nadie quiere revisar veinte páginas.
Por eso conviene tener también una hoja de emergencia de una sola página.
En ella puede aparecer:
Nombre y fecha de nacimiento · Diagnósticos principales · Alergias · Medicamentos importantes · Anticoagulantes · Oxígeno · Marcapasos · Demencia o problemas cognitivos · Nivel habitual de movilidad · Contacto familiar principal · Médico primario · Directrices anticipadas si existen.
Eso puede ser suficiente para que un paramédico o médico comprenda rápidamente quién tiene frente a él.
Si la persona vive en un hogar de envejecientes, pregunte cómo manejan este tipo de información y qué documentos envían con el residente cuando necesita ser trasladado.
Una pequeña bolsa preparada puede evitar otro nivel de caos
Tampoco hace falta preparar una maleta.
Una pequeña bolsa con algunas cosas prácticas puede ser suficiente: cargador de teléfono, batería portátil, abrigo ligero, documentos esenciales y algún artículo personal indispensable.
Pero hay dos objetos que pueden parecer pequeños y resultar enormemente importantes:
los espejuelos y los audífonos.
Un adulto mayor que ya está asustado y de repente no puede ver bien o escuchar lo que los médicos están diciendo puede sentirse todavía más desorientado.
Para una persona con problemas cognitivos, estas ayudas no son simples accesorios.
Son parte de su conexión con el entorno.
Cuando llegue a la sala de emergencias, no intente contar toda su historia médica
Cuando finalmente aparece el médico, es natural querer explicarlo todo.
Pero probablemente sea más efectivo comenzar con cuatro elementos:
Qué ocurrió. Qué cambió. Qué condiciones importantes tiene. Qué tratamiento o medicamento puede afectar la situación actual.
Por ejemplo:
“Mi mamá tiene 87 años. Normalmente camina con andador. Esta noche se cayó y no sabemos si se golpeó la cabeza. Toma Eliquis y desde la caída está mucho más somnolienta de lo normal.”
En treinta segundos, el médico recibió una cantidad enorme de información relevante.
Después habrá oportunidad de ampliar la historia.
Pregunte qué están tratando de encontrar o descartar
Las familias muchas veces permanecen horas en una sala de emergencias viendo análisis, CT scans, placas y medicamentos sin comprender realmente hacia dónde va la evaluación.
No tenga miedo de preguntar.
Una de las mejores preguntas es:
“¿Qué es lo que más les preocupa y qué están tratando de descartar?”
También puede preguntar:
“¿Qué encontraron hasta ahora que sea importante?”
Y, cuando comienza a hablarse de alta:
“¿Qué tendría que ocurrir para que pueda regresar de forma segura?”
Estas preguntas ayudan a entender el cuadro general sin necesidad de convertirse en médico durante una madrugada llena de ansiedad.
“Estable” no significa necesariamente “igual que antes”
Escuchar que un familiar está “estable” produce alivio.
Y debe producirlo.
Pero existe una diferencia importante entre estar médicamente estable y haber regresado a la condición que tenía antes del evento.
Quizás la infección está controlada, pero ahora está mucho más débil.
Quizás no existe una fractura, pero ya no puede caminar sin ayuda.
Quizás puede salir del hospital, pero regresará utilizando oxígeno.
Quizás necesita medicamentos nuevos, terapia, curaciones o supervisión.
Por eso, antes del alta, existe una pregunta que puede ser incluso más importante que saber cuándo podrá irse:
¿Qué necesita ahora que no necesitaba ayer?
Esa pregunta cambia completamente la conversación.
¿Puede regresar realmente al lugar donde vivía?
Cuando una persona es dada de alta, todos quieren regresar a la normalidad.
Pero a veces la emergencia cambió la realidad.
Si el adulto mayor vivía solo, ¿todavía puede hacerlo?
Si vivía con familiares, ¿pueden manejar sus nuevas necesidades?
Si vivía en un hogar de envejecientes, ¿ese hogar puede proporcionar ahora el nivel de cuidado que necesita?
Tal vez ahora necesite asistencia para caminar, una silla de ruedas, oxígeno, terapia, cuidado de una herida, cambios en alimentación o supervisión adicional.
No se trata solamente de preguntar:
“¿Puede salir del hospital?”
La pregunta correcta es:
“¿Puede regresar de manera segura al lugar donde estaba?”
Una emergencia médica puede resolver un problema y, al mismo tiempo, revelar que el modelo de cuidado anterior ya no es suficiente.
Reconocerlo no significa abandonar a la persona.
Significa adaptarse a lo que ahora necesita.
Los medicamentos merecen una revisión especial antes de salir
Este es uno de los puntos en los que más fácilmente pueden surgir confusiones.
Antes de abandonar el hospital, compare la lista de medicamentos que el adulto mayor utilizaba antes de ingresar con las instrucciones nuevas.
Para cada medicamento debe quedar claro:
¿Sigue igual? ¿Cambió la dosis? ¿Cambió el horario? ¿Fue suspendido? ¿Hay uno nuevo?
No se conforme con pensar:
“Todo debe estar en los papeles.”
Si algo no está claro, pregunte antes de salir.
Esto es todavía más importante cuando varias personas administran los medicamentos o cuando el adulto mayor regresará a un hogar de envejecientes.
Si usted será quien lo cuide al regresar, debe saber exactamente qué hacer
En Puerto Rico existe legislación relacionada con la designación y orientación de cuidadores durante determinados procesos de hospitalización y alta.
Más allá del aspecto legal, el principio práctico es sencillo:
si usted será quien realizará el cuidado, necesita entender el cuidado.
Si deberá administrar un medicamento nuevo, manejar oxígeno, cambiar una curación, ayudar con transferencias o vigilar ciertos síntomas, pida que alguien se lo explique.
Si es necesario, pida que se lo demuestren.
No tenga vergüenza de decir:
“Necesito que me enseñen esto nuevamente porque yo voy a tener que hacerlo en casa.”
Una explicación de treinta segundos en un pasillo no siempre es suficiente para una responsabilidad que tendrá que asumir durante días o semanas.
Las decisiones difíciles no deberían discutirse por primera vez durante una crisis
Hay conversaciones que muchas familias evitan porque son incómodas.
¿Qué tratamientos quisiera recibir mamá si algún día no pudiera comunicarse?
¿Quién debería tomar decisiones?
¿Qué cosas no quisiera?
¿Existe una declaración de voluntad?
¿Dónde está el documento?
¿Sabe el médico que existe?
Puerto Rico permite documentar anticipadamente determinadas preferencias de tratamiento médico y designar personas que puedan participar en decisiones cuando el paciente ya no pueda expresarse.
Pero la madrugada de una emergencia es posiblemente el peor momento para comenzar esa conversación desde cero.
Estas decisiones deben discutirse con calma, mientras el adulto mayor todavía pueda expresar claramente lo que desea y, cuando corresponda, con orientación médica o legal.
No cuando cinco familiares están discutiendo en un pasillo de hospital a las tres de la mañana.
Cuando toda la familia quiere ayudar, demasiadas voces también pueden complicar las cosas
Una emergencia tiene una manera peculiar de activar a todo el mundo.
Un hermano llama al hospital.
Otro llama al hogar.
Otro escribe al médico.
Alguien comienza a reenviar mensajes por WhatsApp.
En media hora existen cinco versiones diferentes de la misma historia.
Siempre que sea posible, conviene que una persona sea el punto principal de comunicación.
Esa persona puede recibir la información, mantener una cronología y actualizar al resto de la familia.
No significa que tenga que tomar todas las decisiones.
Significa que existe una fuente común de información.
Durante una emergencia, reducir la confusión también es una forma de cuidar.
Lleve una cronología sencilla
No hace falta documentar cada minuto.
Pero algunas anotaciones pueden ser tremendamente útiles:
1:47 a. m. — llamada del hogar.
2:05 a. m. — llegó la ambulancia.
2:25 a. m. — salió hacia el hospital.
3:10 a. m. — evaluación inicial.
4:20 a. m. — realizaron CT.
5:15 a. m. — médico explicó resultados.
Añada medicamentos nuevos, estudios importantes y preguntas que todavía estén pendientes.
Después de ocho o diez horas despierto, todo comienza a mezclarse.
La nota del teléfono no se cansa.
Durante la emergencia, mantenga las prioridades en orden
En medio de la ansiedad pueden surgir muchas otras preguntas.
¿Por qué ocurrió?
¿Quién estaba de turno?
¿Por qué tardaron en llamar?
¿Por qué escogieron ese hospital?
¿Pudo haberse evitado?
Algunas de esas preguntas pueden ser perfectamente legítimas.
Pero muchas pueden esperar unas horas.
Durante la fase aguda, el foco debe estar en algo mucho más sencillo:
¿Está seguro? ¿Está respirando bien? ¿Está sufriendo? ¿Existe una lesión grave? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué información necesita el equipo médico? ¿Qué decisión tenemos que tomar ahora?
Después habrá tiempo para reconstruir lo demás.
Si tiene demencia, ayude al hospital a conocer a la persona, no solamente el diagnóstico
No permita que toda la identidad de su padre o madre se convierta en:
“Paciente de 89 años con demencia.”
Explique cómo se comunica.
Qué lo tranquiliza.
Qué lo asusta.
Si escucha mal.
Si necesita espejuelos.
Si normalmente intenta levantarse solo.
Si puede comer sin ayuda.
Si va muchas veces al baño durante la noche.
Si puede explicar cuándo siente dolor.
Si responde mejor cuando le hablan despacio.
Esa información puede parecer pequeña, pero puede cambiar completamente la manera en que una persona vulnerable experimenta una hospitalización.
El hospital conoce el diagnóstico.
La familia conoce a la persona.
Ambas cosas importan.
La emergencia no termina cuando cruzan nuevamente la puerta de la casa
Después de pasar horas en una sala de emergencias, lo único que muchas familias desean es acostarse.
Pero el regreso merece tanta atención como la llegada.
Revise nuevamente las instrucciones de alta cuando esté más descansado.
Confirme qué medicamentos cambiaron, cuándo corresponde la próxima dosis, qué síntomas requieren regresar al hospital y qué citas o estudios necesitan seguimiento.
Observe especialmente cualquier cambio importante en movilidad, respiración, alimentación, hidratación, dolor, conciencia o comportamiento.
Si la persona regresará a un hogar de envejecientes, asegúrese de que el personal tenga las instrucciones de alta y conozca los cambios realizados.
La información tiene que regresar con el paciente.
Después de una caída, no pregunte solamente si se rompió algo
Una vez superada la emergencia inmediata, existe otra pregunta:
¿Por qué ocurrió la caída?
Quizás simplemente tropezó.
Pero también pudo marearse al levantarse, perder fuerza, tener un problema visual, reaccionar a un medicamento, intentar llegar demasiado rápido al baño o comenzar a enfermarse antes de que nadie se diera cuenta.
También puede haber factores ambientales: mala iluminación, un piso mojado, una alfombra, muebles en el camino o un caminador fuera de alcance.
El objetivo no es encontrar a quién culpar.
Es identificar algo que pueda modificarse.
Porque después de sobrevivir la madrugada, la siguiente meta debe ser disminuir la posibilidad de repetirla.
Después de la crisis, convierta la experiencia en preparación
Cuando todo se calme, vale la pena hacer una breve revisión familiar.
No tiene que ser una reunión formal.
Simplemente pregúntense:
¿Qué nos hizo falta? ¿Qué funcionó bien? ¿Qué información no encontramos? ¿Qué deberíamos tener preparado para la próxima vez?
Quizás descubran que nadie tenía una lista actualizada de medicamentos.
O que el hogar tenía un teléfono antiguo.
O que nadie sabía dónde estaban los documentos médicos.
O que debían hablar sobre directrices anticipadas.
O simplemente que necesitan mantener un cargador dentro de la bolsa de emergencia.
Cada situación difícil puede dejar algo útil detrás si utilizamos la experiencia para prepararnos mejor.
Lo que realmente necesita una familia a las 2:00 de la mañana
No necesita convertirse en médico.
No necesita conocer todos los términos clínicos.
No necesita resolver toda la situación en veinte minutos.
Necesita mantener las prioridades en orden.
Primero, seguridad.
Después, información.
Después, comunicación.
Después, decisiones.
Y finalmente, continuidad del cuidado.
Y recuerde algo especialmente importante:
usted posee información sobre esa persona que ningún expediente médico puede contener por completo.
Sabe cómo habla.
Cómo camina.
Cómo piensa.
Qué cosas teme.
Qué cosas lo tranquilizan.
Qué podía hacer ayer.
Y qué definitivamente no es normal hoy.
Eso convierte a la familia en una parte importante del equipo de cuidado.
Prepárese antes de que suene el teléfono
Probablemente la mejor preparación para una llamada de emergencia ocurre una tarde cualquiera cuando absolutamente nada está pasando.
Actualice los medicamentos.
Prepare la información médica.
Sepa dónde están los documentos.
Hable sobre las decisiones difíciles.
Defina quién será el contacto principal.
Pregunte al hogar qué ocurre cuando tienen que enviar a un residente al hospital.
Mantenga los teléfonos de emergencia actualizados.
Prepare esa pequeña hoja de una página.
No podemos impedir todas las caídas.
No podemos evitar todas las enfermedades.
Y no podemos garantizar que nunca tendremos que conducir hacia una sala de emergencias a las dos de la mañana.
Pero sí podemos evitar llegar completamente a ciegas.
Porque cuando aquel teléfono finalmente suena, existe una enorme diferencia entre reaccionar solamente al miedo y poder responder:
“Está bien. Dígame exactamente qué ocurrió. Vamos paso por paso.”
La preparación no elimina la angustia.
Pero devuelve algo que durante una emergencia parece desaparecer muy rápidamente:
un poco de control.
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