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Este es el capítulo que parece burocrático… hasta que son las dos de la mañana y nadie sabe qué medicamentos toma, cuál es su plan médico o a quién llamar.

Una carpeta física en la casa y, si puede, una copia digital que otro familiar pueda abrir.
En una crisis nadie va a leer veinte páginas para encontrar un número de teléfono. Una sola página debe resumir lo esencial.
La regla práctica es sencilla: no deje estos temas para cuando la persona ya no pueda participar.
Según la situación pueden hacer falta poderes o autorizaciones, directrices anticipadas, autorizaciones médicas, documentos de cuentas o propiedades y testamento.
La vulnerabilidad aumenta cuando una persona vive sola, oye mal, se confunde o alguien nuevo entra con frecuencia a la casa.
Sepa el nombre del plan, número de contrato, teléfono, médico primario y qué requiere referido o autorización.
Una persona joven puede improvisar. Una persona mayor frágil necesita que algunas respuestas existan antes de la tormenta.
No se paralice. Revise cartera, gavetas, mesa de noche, nevera y bolsa del hospital. Llame a la farmacia para reconstruir el historial de medicamentos.
Al terminar esta etapa debería existir una carpeta de cuidado, una hoja de emergencia, medicamentos accesibles, plan médico identificado, gastos registrados, un plan para apagones y traslados y una lista de lo que todavía falta.
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