Delirio en adultos mayores: qué hacer en el hospital

El delirio puede aparecer repentinamente durante una hospitalización. Conozca sus señales, posibles causas y cómo proteger y tranquilizar al adulto mayor.

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Cuando un adulto mayor se desorienta en el hospital: cómo reconocer el delirio y qué puede hacer la familia

Hace unos días recibí una llamada que muchas familias cuidadoras temen recibir.

El hogar de envejecientes donde vive mi padre, de 98 años, me informó que se había caído durante la noche. Aparentemente, solo se había golpeado y lastimado un poco el brazo, pero me recomendaron llevarlo al hospital para asegurarnos de que no tuviera alguna fractura u otra lesión.

Lo que parecía que sería una evaluación preventiva terminó convirtiéndose en una experiencia de aproximadamente nueve horas entre hospitales, salas de emergencia, radiografías, traslados y largas esperas.

El hospital estaba sobrecargado y con poco personal, una situación que lamentablemente se ha vuelto común en muchas instituciones de Puerto Rico. Sin embargo, lo más difícil no fue la espera, la falta de comodidad ni la incertidumbre de los resultados.

Lo verdaderamente angustiante fue observar cómo, con el paso de las horas, mi padre comenzó a perder su orientación y su conexión con la realidad.

Cuando el hospital se convierte en un lugar amenazante

Al principio, mi padre estaba cansado, pero podía comunicarse. A medida que avanzaban las horas, comenzó a ponerse más inquieto, confundido y angustiado.

Parecía no comprender dónde estaba ni por qué no podía levantarse. Quería bajarse de la camilla y marcharse. En algunos momentos, parecía estar completamente dentro de su propio mundo, desconectado del lugar y de lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

También se enojó y utilizó palabras que normalmente nunca diría. Mi padre es una persona profundamente religiosa y verlo maldecir fue completamente fuera de carácter.

Durante el traslado entre hospitales tuvo que permanecer asegurado a la camilla mediante correas de seguridad. Aunque verlo así fue muy difícil, comprendí que, sin alguna medida de protección, podía intentar levantarse, caerse nuevamente o lastimarse.

Yo continuaba hablándole, tratando de tranquilizarlo y recordándole dónde estábamos. Le repetía que yo estaba allí y que los médicos solamente querían asegurarse de que estuviera bien.

Pero, aunque estaba a su lado, me sentía impotente.

En el hogar de envejecientes a veces siento que por momentos “lo pierdo”, pero allí se encuentra en un ambiente conocido y controlado. En el hospital, rodeado de desconocidos, ruido, luces, equipos médicos y una espera interminable, la situación se volvió mucho más difícil de manejar.

Lo que ocurrió puede ser compatible con un episodio de delirio.

¿Qué es el delirio en los adultos mayores?

El delirio, también conocido como estado confusional agudo, es un cambio repentino en la atención, la conciencia, la orientación, el pensamiento y el comportamiento de una persona.

Puede comenzar en cuestión de horas y fluctuar durante el día. La persona puede parecer relativamente tranquila y consciente durante un momento, y poco después mostrarse desorientada, agitada, temerosa o excesivamente somnolienta.

El delirio puede provocar que el adulto mayor:

  • No reconozca dónde se encuentra.
  • Confunda el día con la noche.
  • No reconozca temporalmente a familiares.
  • Intente levantarse o escapar.
  • Se muestre agresivo o desconfiado.
  • Diga cosas incoherentes.
  • Vea o escuche cosas que no existen.
  • Se quite equipos médicos o líneas intravenosas.
  • Se vuelva inusualmente callado o somnoliento.
  • Alterne entre momentos de agitación y períodos de sueño profundo.

No debe asumirse que este comportamiento es una consecuencia normal de la edad.

El delirio representa un cambio médico importante que debe ser informado y evaluado.

El delirio no es lo mismo que la demencia

La demencia generalmente se desarrolla gradualmente durante meses o años. El delirio, por el contrario, aparece de manera repentina, frecuentemente en horas o días.

Una persona con demencia también puede sufrir un episodio de delirio. De hecho, los adultos mayores con pérdida de memoria o deterioro cognitivo previo son particularmente vulnerables.

La señal más importante suele ser que la familia nota una diferencia clara respecto a su comportamiento habitual.

Tal vez el adulto mayor ya tenía problemas de memoria, pero normalmente reconocía a sus familiares, podía seguir una conversación o entendía dónde estaba. De repente, deja de poder hacer esas cosas o presenta un nivel de confusión mucho mayor.

Por eso es tan importante que la familia explique al personal médico cómo era la persona antes de comenzar el episodio.

Una tomografía normal no descarta el delirio

Después de una caída, especialmente cuando se trata de una persona de edad muy avanzada, es común que los médicos ordenen una tomografía de la cabeza para buscar sangrado, fracturas u otras lesiones.

Un resultado normal es tranquilizador, pero no significa necesariamente que la confusión no tenga importancia.

El delirio no siempre aparece en una radiografía, una tomografía o algún otro estudio de imágenes. Se reconoce principalmente por el cambio repentino en la atención, la conciencia y el comportamiento, mientras el equipo médico busca posibles causas.

La tomografía puede ayudar a descartar ciertos problemas, pero no sustituye una evaluación completa.

¿Por qué el hospital puede provocar delirio?

Para un adulto mayor, un hospital puede convertirse rápidamente en un ambiente abrumador.

La persona puede estar experimentando dolor, miedo, hambre, sed, agotamiento y pérdida de control al mismo tiempo. Puede ser examinada por múltiples desconocidos, trasladada de una habitación a otra y despertada repetidamente.

También puede no tener sus espejuelos, sus audífonos o sus objetos personales. Puede perder la noción de si es de día o de noche.

A los 98 años, incluso una alteración que parecería pequeña para una persona más joven puede ser suficiente para sobrecargar el cerebro.

Entre los factores que pueden provocar o empeorar el delirio se encuentran:

  • Dolor.
  • Deshidratación.
  • Falta de alimentación.
  • Infecciones.
  • Fiebre.
  • Falta de sueño.
  • Niveles bajos de oxígeno.
  • Acumulación de dióxido de carbono.
  • Problemas con los medicamentos.
  • Medicamentos nuevos o sedantes.
  • No recibir algún medicamento habitual.
  • Estreñimiento.
  • Retención de orina.
  • Alteraciones de glucosa o electrolitos.
  • Trauma por una caída.
  • Cambios constantes de ambiente.
  • Problemas de visión o audición.
  • Permanecer inmóvil durante muchas horas.

Con frecuencia no existe una sola causa. El delirio puede surgir por la combinación de varios factores.

En personas con EPOC, la respiración requiere atención especial

Cuando el adulto mayor tiene enfermedad pulmonar obstructiva crónica, conocida como EPOC o COPD, cualquier cambio repentino en la conciencia debe tomarse seriamente.

Los niveles bajos de oxígeno pueden provocar confusión, inquietud y cambios de comportamiento. La acumulación excesiva de dióxido de carbono también puede causar somnolencia, desorientación, dolor de cabeza, dificultad para mantenerse despierto y reducción en la capacidad de responder.

Si la confusión ocurre junto con mayor dificultad para respirar, respiración muy lenta o rápida, labios azulados, somnolencia extrema o dificultad para despertar a la persona, debe notificarse inmediatamente al personal médico.

La ira y las malas palabras no representan a la persona

Uno de los aspectos más dolorosos del delirio es escuchar a una persona amable, respetuosa o religiosa decir cosas completamente contrarias a su personalidad.

La familia puede sentirse avergonzada o pensar que la persona está revelando sentimientos que anteriormente escondía.

Sin embargo, durante un episodio de delirio, el cerebro no está interpretando correctamente el ambiente.

La persona puede creer sinceramente que está siendo retenida contra su voluntad, atacada, engañada o abandonada. El miedo que experimenta es real, aunque la situación que imagina no lo sea.

Las palabras pronunciadas durante ese episodio no deben considerarse una representación verdadera de su carácter, sus valores o sus sentimientos hacia la familia.

No es un fallo moral. No es falta de fe. No es necesariamente una decisión consciente.

Es una señal de que algo está afectando el funcionamiento de su cerebro.

Qué debe decir la familia al personal médico

No basta con decir:

“Está confundido”.

Es más útil explicar:

“Este comportamiento no es normal en él. Este cambio comenzó durante la hospitalización. Normalmente me reconoce y puede comunicarse con mayor claridad. ¿Podría estar experimentando delirio?”

También puede utilizar la frase:

“Esto representa un cambio agudo respecto a su estado habitual”.

La familia conoce a la persona mejor que el personal que acaba de conocerla. Por eso debe explicar:

  • Cuándo comenzó el cambio.
  • Cómo se comportaba normalmente.
  • Si reconocía a sus familiares.
  • Si podía mantener una conversación.
  • Cómo caminaba antes del episodio.
  • Si normalmente sabía dónde estaba.
  • Qué medicamentos utiliza.
  • Si usa oxígeno.
  • Cuándo comió o tomó líquidos por última vez.
  • Cuándo orinó o evacuó por última vez.
  • Si parece sentir dolor.
  • Si ha dormido durante las últimas horas.
  • Si tiene problemas de audición o visión.

Esta información puede ayudar al equipo médico a identificar la causa.

Qué condiciones deben investigarse

Cuando un adulto mayor presenta un cambio repentino de comportamiento, la familia puede preguntar respetuosamente si se han evaluado posibles causas como:

  • Infección urinaria o respiratoria.
  • Dolor no controlado.
  • Deshidratación.
  • Falta de oxígeno.
  • Acumulación de dióxido de carbono.
  • Efectos secundarios de medicamentos.
  • Interacción entre medicamentos.
  • Falta de algún medicamento habitual.
  • Nivel bajo o elevado de glucosa.
  • Alteraciones de sodio u otros electrolitos.
  • Retención de orina.
  • Estreñimiento.
  • Falta severa de sueño.
  • Lesiones relacionadas con la caída.

No se trata de decirle al médico qué diagnóstico debe hacer. Se trata de asegurarse de que el cambio sea reconocido y no descartado simplemente como “cosas de la edad”.

Cómo hablarle a una persona que está perdiendo la orientación

El impulso natural de la familia es corregir constantemente al adulto mayor:

“No, eso no está pasando”.

“Ya te expliqué dónde estamos”.

“No puedes levantarte”.

“Deja de decir eso”.

Sin embargo, discutir o tratar de convencerlo mediante explicaciones largas puede aumentar su frustración.

Cuando el cerebro está agotado o confundido, la persona posiblemente no pueda procesar razonamientos complejos.

Es mejor hablar lentamente, utilizar frases cortas y mantener un tono tranquilo.

Algunas expresiones que pueden ayudar son:

“Papá, estoy aquí contigo”.

“Estás seguro”.

“Tuviste una caída y los médicos te están examinando”.

“Estamos esperando una prueba más”.

“No estás solo”.

“Yo me voy a quedar aquí”.

“Vamos a descansar un momento”.

También es conveniente identificarse, aunque parezca obvio:

“Soy Iván, tu hijo. Estoy aquí contigo”.

No discuta con su realidad

Si el adulto mayor dice que tiene que irse a trabajar, buscar a una persona que murió hace años o regresar a una casa donde ya no vive, discutir directamente puede aumentar su angustia.

En lugar de decir:

“Eso no tiene sentido. Tú ya no trabajas”.

Puede responder:

“Entiendo que estás preocupado por eso. Ahora mismo estás conmigo y estás seguro”.

Si insiste en que quiere irse:

“Sé que quieres salir de aquí. Ha sido un día muy largo. Vamos a esperar juntos mientras terminan de examinarte”.

Primero se reconoce la emoción. Luego se redirige la atención.

No es necesario validar una afirmación falsa, pero tampoco es útil convertir la conversación en una batalla para demostrar quién tiene la razón.

Evite interrogarlo para comprobar si está orientado

A veces la familia comienza a realizar preguntas repetidamente:

“¿Cómo me llamo?”

“¿Qué día es hoy?”

“¿Dónde estamos?”

“¿Cuántos años tienes?”

Estas preguntas pueden hacer que la persona se sienta examinada, avergonzada o amenazada.

Es preferible ofrecer la información sin exigirle que la recuerde:

“Hoy es martes. Estamos en el hospital. Yo estoy aquí contigo”.

La orientación debe ser una ayuda, no un examen.

Reduzca la estimulación del ambiente

El cerebro de una persona con delirio tiene dificultad para filtrar estímulos.

Varias conversaciones al mismo tiempo, un televisor encendido, alarmas, luces brillantes y personal entrando y saliendo pueden empeorar la confusión.

Cuando sea posible:

  • Apague el televisor si nadie lo está viendo.
  • Evite que muchas personas hablen al mismo tiempo.
  • Hable con una voz tranquila.
  • Mantenga sus espejuelos puestos.
  • Asegúrese de que tenga sus audífonos.
  • Coloque un reloj visible.
  • Recuérdele si es de día o de noche.
  • Mantenga iluminación natural durante el día.
  • Reduzca el ruido durante la noche.
  • Lleve una fotografía familiar.
  • Lleve una manta u objeto conocido.
  • Utilice música tranquila que reconozca.
  • Lleve algún objeto religioso que le brinde consuelo.
  • Evite visitas numerosas.

La presencia de una persona familiar puede convertirse en un punto de referencia dentro de un ambiente completamente extraño.

Busque la necesidad física detrás del comportamiento

Una persona confundida puede no ser capaz de explicar qué necesita.

Puede intentar levantarse porque necesita orinar. Puede arrancarse los equipos porque siente dolor. Puede mostrarse agresiva porque tiene sed o no puede respirar cómodamente.

Antes de asumir que “se está portando mal”, conviene preguntarse:

  • ¿Necesita ir al baño?
  • ¿Está estreñido?
  • ¿Tiene la vejiga llena?
  • ¿Tiene hambre?
  • ¿Tiene sed?
  • ¿Está sintiendo dolor?
  • ¿Tiene frío o calor?
  • ¿Está incómodo en la cama?
  • ¿Puede respirar bien?
  • ¿Le molesta alguna línea intravenosa o equipo?
  • ¿Está asustado?
  • ¿Puede ver y escuchar adecuadamente?

En ocasiones, resolver una necesidad sencilla puede reducir considerablemente la agitación.

No intente caminarlo sin ayuda

Una persona con delirio puede insistir en que puede caminar, aunque no reconozca sus limitaciones.

Su equilibrio, juicio y coordinación pueden estar alterados. Además, luego de muchas horas en cama, puede estar más débil de lo habitual.

No trate de levantar o controlar físicamente a un adulto mayor frágil usted solo.

Solicite ayuda al personal de enfermería y pregunte si es seguro:

  • Sentarlo en una silla.
  • Llevarlo al baño.
  • Ayudarlo a pararse.
  • Permitirle caminar con asistencia.
  • Cambiarlo de posición.

Una segunda caída podría tener consecuencias mucho más graves.

Qué debe saber la familia sobre las correas y restricciones

Ver a un padre o una madre sujeto a una camilla es una experiencia emocionalmente difícil.

Las correas de una ambulancia pueden ser necesarias para evitar que la persona caiga mientras el vehículo está en movimiento. Las restricciones utilizadas en una cama de hospital son una situación diferente.

En general, las restricciones físicas no deben ser la primera respuesta ante el delirio. Pueden aumentar el miedo, la resistencia y la lucha del paciente. También pueden contribuir a lesiones, pérdida de movilidad y mayor confusión.

Sin embargo, puede haber situaciones en las que el equipo médico determine que son necesarias temporalmente porque existe un riesgo inmediato de que la persona se caiga, se arranque algún equipo indispensable o lastime a otra persona.

La familia puede preguntar:

“¿Qué riesgo específico están tratando de prevenir?”

“¿Se intentaron alternativas menos restrictivas?”

“¿Podría permanecer alguien más cerca para supervisarlo?”

“¿Cuándo se volverá a evaluar la necesidad de la restricción?”

“¿Podemos cambiarlo de posición para que esté más cómodo?”

Nunca deben retirarse las correas o restricciones sin la autorización del personal médico.

Los medicamentos para calmarlo no siempre son la primera solución

Cuando el adulto mayor está muy agitado, la familia puede sentir que necesita algún medicamento para tranquilizarse.

Sin embargo, los sedantes y ciertos medicamentos antipsicóticos pueden provocar efectos adversos importantes en personas frágiles. Pueden aumentar la somnolencia, las caídas, los problemas respiratorios y otras complicaciones.

El enfoque inicial suele ser identificar y tratar la causa, reducir la estimulación, controlar el dolor, corregir la deshidratación, mejorar la respiración y atender otras necesidades físicas.

En situaciones de agitación severa, cuando existe peligro inmediato, el médico puede determinar que algún medicamento es necesario. La familia tiene derecho a preguntar:

  • Qué medicamento se administrará.
  • Por qué es necesario.
  • Qué efectos secundarios puede producir.
  • Si puede afectar la respiración.
  • Qué alternativas se han intentado.
  • Cuánto tiempo se espera utilizarlo.

Prepare una hoja de información para futuras emergencias

Durante una emergencia es fácil olvidar datos importantes.

Puede ser útil preparar una hoja de una página con la siguiente información:

  • Nombre completo.
  • Fecha de nacimiento.
  • Diagnósticos principales.
  • Lista actualizada de medicamentos y dosis.
  • Alergias.
  • Uso de oxígeno.
  • Nivel habitual de oxígeno, si se conoce.
  • Problemas de visión o audición.
  • Forma habitual de caminar.
  • Historial de caídas.
  • Estado mental habitual.
  • Capacidad normal para comunicarse.
  • Nombre y teléfono del hogar de envejecientes.
  • Nombre del médico primario.
  • Información del contacto de emergencia.
  • Directrices anticipadas.
  • Poder o representante para decisiones médicas.
  • Estrategias que normalmente lo tranquilizan.
  • Una fotografía reciente.

En la parte superior puede escribir:

Importante: La confusión repentina no es normal en esta persona. Favor de evaluar posibles causas de delirio.

Qué hacer al regresar al hogar de envejecientes

Aunque la persona parezca recuperarse al salir del hospital, es importante informar al personal del hogar y a su médico sobre lo ocurrido.

El delirio puede fluctuar. Puede desaparecer rápidamente o continuar durante días e incluso semanas. En algunos casos, la recuperación no es inmediata.

El personal debe observar si aparecen nuevamente:

  • Cambios en el nivel de conciencia.
  • Mayor somnolencia.
  • Agitación.
  • Dificultad para comer o beber.
  • Cambios al caminar.
  • Nuevas caídas.
  • Fiebre.
  • Dolor.
  • Problemas para orinar.
  • Estreñimiento.
  • Dificultad respiratoria.
  • Cambios importantes en el comportamiento.

También es importante revisar cualquier medicamento nuevo administrado durante la visita al hospital.

Cuándo buscar ayuda médica urgente

Debe buscarse atención inmediata si la confusión aparece acompañada de:

  • Dificultad respiratoria nueva o más intensa.
  • Somnolencia extrema.
  • Dificultad para despertar a la persona.
  • Labios o dedos azulados.
  • Debilidad en un lado del cuerpo.
  • Dificultad repentina para hablar.
  • Dolor de cabeza intenso.
  • Vómitos repetidos.
  • Convulsiones.
  • Fiebre alta.
  • Dolor fuerte.
  • Otra caída.
  • Incapacidad para beber líquidos.
  • Ausencia de orina.
  • Pérdida del conocimiento.
  • Empeoramiento rápido de su condición.

La presencia de la familia sí hace una diferencia

Durante aquella larga visita al hospital sentí que no podía hacer suficiente.

No podía acelerar las pruebas, conseguir más empleados ni hacer desaparecer la confusión de mi padre. Solo podía permanecer a su lado, hablarle, intentar tranquilizarlo y evitar que se lastimara.

Pero con el tiempo comprendí que esa presencia no era insignificante.

Cuando un adulto mayor está perdido en un ambiente desconocido, una voz familiar puede ser uno de los pocos elementos que todavía reconoce. Aunque no responda como esperamos, puede sentir que no está completamente solo.

La familia puede convertirse en el puente entre el paciente y el personal médico. Puede explicar cómo era antes, identificar cambios, reconocer necesidades y recordar al equipo que detrás de la confusión continúa existiendo una persona con una historia, una personalidad y una dignidad que deben ser protegidas.

No estaba tratando de ser difícil

Quizás la lección más importante es comprender que el adulto mayor no está intentando complicar el trabajo de la familia ni del hospital.

No está escogiendo olvidar dónde se encuentra. No está decidiendo conscientemente insultar, resistirse o intentar escapar.

Su cerebro está luchando por interpretar un ambiente que se ha vuelto demasiado complejo y amenazante.

En esos momentos, la respuesta más útil no suele ser discutir, corregir o exigir que “se comporte”.

La respuesta más útil es protegerlo, hablarle con calma, comunicar el cambio al personal médico, buscar causas físicas y recordar que la persona que conocemos continúa allí, aunque por momentos parezca estar muy lejos.

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Ivan Cordero

Ivan Cordero

Soy el propietario de HogarDeAncianos.com, una plataforma dedicada a orientar a las familias en Puerto Rico sobre el cuidado de adultos mayores. El sitio ofrece artículos educativos, recursos prácticos, herramientas de apoyo y un directorio de hogares de ancianos y servicios relacionados, con el propósito de ayudar a las familias a tomar decisiones con más información, calma y claridad.

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